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“No había nada: ovejas y vacas y seres humanos semejantes a ovejas y vacas”

Título original: In Patagonia Edición en español: junio 2002 Editorial: Ediciones Península Número de páginas: 246

Decía Bruce Chatwin (1940-1989) que “viajamos literariamente” y en esta ocasión se fue al lugar dónde no había nada. En la Patagonia es un relato directo que consigue trasladar al lector por los pasos del viajero inglés. Asimismo, mezcla el relato con la crónica periodística de unos ojos incisivos que delimitan al detalle la Patagonia, que se convierte en un festín de sensaciones, colores y en una leyenda veraz.

La aventura empieza en la infancia del autor. Una piel rojiza que aparenta ser de un brontosauro lleva a Chatwin a la desconocida tierra del sur de Chile y Argentina. Se adentra en las vidas de los patagónicos: emigrantes europeos de todos los países, indígenas, gauchos, camineros chilenos, delincuentes del Lejano Oeste… Chatwin va a la Patagonia con el fin de encontrar vestigios de su familia y choca con un Mundo de pequeñas proporciones.

No se trata de paladear un folleto sobre un lugar, sino descubrir paso a paso una tierra inhóspita y llena de fuerzas contradictorias. Quizás los detalles no ofrezcan al lector emotividad de una trama, pues toda esta emoción está anclada detrás de esos microcosmos humanos: comprender cómo y quién son los pobladores de la Patagonia es la empresa del lector. Y solamente así disfrutará de su lectura, ya que no hay mucho interés en la mera descripción de un paisaje con denominadores comunes allí dónde va.

Chubut, Argentina. Font: http://www.laenergiadelviento.com.ar

Historias de forajidos y exploradores, de emigrantes, de pingüinos y ovejas, de anarquistas… en una tierra dónde los meses pasan a martillazos. Todo este legado de actores venidos de los cinco continentes constituye una escena única de la que probablemente hoy solo queden vestigios. Eso comporta al relato el título de “clásico”.

Sobre Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez

Relato de un náufrago es sin duda una crónica inusual, un relato periodístico que no encaja en los moldes que incluso intenta seducir la fantasía de los cuentos. Gabriel García Márquez relata en primera persona los diez días y diez noches en el mar del Caribe a bordo de una balsa,  del marinero Luis Alejandro Velasco y cómo después alcanzó el estatus de héroe.

28 de febrero de 1955. Cartagena de Indias, Colombia. Llega la noticia que ocho marineros del destructor A. R. C. Caldas, de la Marina de Guerra de Colombia, han caído al agua a causa de una tormenta en el mar del Caribe y han desaparecido. Al cabo de diez días, y después que les dieron por muertos, uno de esos marineros aparece en una playa desierta de la costa colombiana.

García Márquez era por aquel entonces un joven reportero de planta que recompuso minuto a minuto la aventura del náufrago de la cual el público, solo tenía pedazos turbulentos. El relato fue publicado un mes después de la tragedia por el diario El Espectador de Bogotá.
A las 3 de la madrugada del 24 de febrero el Caldas zarpaba de Mobile, Alabama, Estados Unidos después de ocho meses de reparaciones. El buque traía para Colombia todo tipo de electrodomésticos de contrabando; estufas, neveras y radios eran los regalos de la tripulación a sus familiares. Pero la noche del 27 de febrero poco antes de las doce se produjo la tragedia. En medio de un fuerte oleaje, ocho marineros que estaban realizando una guardia cayeron al agua con parte de la carga. La nave llegaba dos horas después a Cartagena. Al mismo tiempo Luis Alejandro Velasco, después de ver desaparecer en las aguas a cuatro compañeros, empezaba su odisea particular en el Caribe; diez días sin comer ni beber en una pequeña balsa a la deriva.

El náufrago entra luego en una soledad profunda, dónde solo hay cielo y mar. Los minutos,  las horas, los días van acumulando peso en el cuerpo y cada vez es más dura la batalla por la supervivencia. La vivencia arremete contra el lector y le transporta al Caribe, sin darte cuenta estás solo y quizás vuelvas, quizás vengan a buscarte, quizás nuca vuelvas y residas para siempre en olvido.
La narración de unos hechos-noticia ha sido convertida por Márquez un viaje hacía uno mismo y con la sola compañía de uno mismo. No se desprende nada del relato, es un periodista casado con la objetividad, pero construye algún pilar hacia a la reflexión. Además el náufrago explora a lo largo del camino los senderos del subconsciente, las alucinaciones se suceden e incluso duda de qué encuentre la tierra.

Todos los ingredientes convienen un cóctel capaz de enamorar tanto a amantes de las aventuras marineras del calibre Moby Dick hasta idealistas que ven en el protagonista la prueba de resiliencia moderna del ser humano.

Sobre el final de esta historia el propio Márquez expresa que Relato de un náufrago convirtió a Luis Alejandro en héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre. Publicar una verdad incómoda significó el cierre del diario meses después, y para el propio periodista supuso el inicio de su exilio parisino.