Versos I

EL JUEGO DE LOS FILÓSOFOS, O EL PARMÉNIDES
Sobre el reafirmar el caos de la historia
Donde terminan las alas de fuego.
-¿Allí hay algo maestro?-
Pues lo hay como estás tú aquí.
– ¿Y son reales? – Como tú y yo.
Allí residen sus almas, en el purgatorio.
En un camino sin nombre, en una estación
Donde las paredes de seda son
Y en los divanes el humo goza del hombre.
– No existe nada quieto hijo,
pues ni tu ni yo somos partícipes de lo estable.
Somos fuego constante, locos sentidos,
atrevidas manos y observadores ojos
somos perfumes y olor
gustos de nubes y del cielo, simplemente, somos.
Y enlazaron un camino que no
lleva a ninguna parte, donde viven los muertos.
De los muertos, danzando en vano
lo que muerto está, no vivió
pues la vida es eterno retorno.
¿Quién los mató?
¿Un asesino, un ladrón, un lacayo o un cuervo?
El cementerio es para escarabajos, hijo.

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